
MOO Tae Gu
饾悋饾悎饾悞饾悡饾悗饾悜饾悎饾悁
El hombre ha logrado adaptarse a la sociedad con el 煤nico objetivo de que nadie sospeche sobre su verdadero ser: un psic贸pata.
Desde que naci贸 ha sufrido de este trastorno mental, pero nadie se hab铆a dado cuenta de su condici贸n hasta la edad de siete a帽os. La locura brot贸 sin alguna censura al haber visto a su padre cometer un asesinato. Idealiz贸 la violencia como parte de su felicidad.
Sus deseos y sus placeres iban desvaneciendo de cordura a trav茅s de los a帽os ya que su padre nunca acept贸 que su 煤nico hijo fuera 饾槩饾槸饾槹饾槼饾槷饾槩饾槶. Fueron contadas las veces que recibi贸 ayuda m茅dica durante toda su vida.
Actualmente, es due帽o de un bar privado que se encuentra en la regi贸n de Sungun. A la vez, ayuda a la organizaci贸n criminal de su padre, qui茅n se dedica a la exportaci贸n ilegal de 贸rganos humanos.
NOMBRE: Moo Tae Gu
APODO: Mr. Moo
EDAD: 38 a帽os
FAMILIA: Padre (Sungwoo) Hija (Audra)
ESTADO CIVIL: Viudo
INTRO (1)
La locura siempre estuvo dentro de 茅l desde que naci贸, pero esta esper贸 el momento adecuado para que su vida se envolviera en una insania para sobresalir y jam谩s desaparecer. Personas a su alrededor lamentaban su locura, pero para el hombre era un don especial, uno que le daba el placer a sus d铆as. Su padre sent铆a culpa de despertar el monstruo de su hijo, pero sin darse cuenta permiti贸 que este creciera y fuera el creador de la depravaci贸n pura.
La creaci贸n cre贸 su propia verdad. Las voces que lo acompa帽aban d铆a y noche eran reales. El deseo de ver brotar el color rojo m谩s vivo de todos era el verdadero placer. El encajar en la sociedad no era indispensable para sentirse vivo. El ver rostros llenos de p谩nico y miradas hundidas entre l谩grimas eran lo 煤nico que lo complac铆a. Las alucinaciones ins贸litas eran sus cortometrajes favoritos. La 煤nica persona en la que pod铆a confiar era en 茅l mismo.
Al estar frente a un espejo, detallaba cada perfecci贸n e imperfecci贸n de su rostro mientras se cuestionaba porqu茅 no todos pod铆an gozar de la supuesta locura como 茅l. De igual forma, no pod铆a entender porqu茅 los m茅dicos le quer铆an hacer creer que estaba en el abismo de la demencia. Las horas pod铆an transcurrir, pero para 茅l, el tiempo no exist铆a. No cuando se perd铆a en los rostros deformados que le gritaban a trav茅s de su reflejo.
鈥溌az hundir tus manos en mares rojos!
El hombre s贸lo empezaba a re铆r al saber c贸mo estos estaban desesperados por verlo en su estado mani谩tico. Deb铆a admitir que 茅l siempre estaba de la misma forma; ansioso por entretenerse con alguien.